20 ago. 2011

Sonatorrek o la Pérdida irreparable del hijo

Ya hemos hablado en otras ocasiones de Egil Skallagrímsson, y como ya se dijo fue tan buen luchador como escaldo. Suyo es este poema llamado Sonatorrek o Pérdida irreparable del hijo. Situemos un poco el contexto de este poema:
Tras sus múltiples expediciones y batallas contra Eirík Blódöx (o Hachasangrienta) se asentó en Islandia, en el terreno que su padre, Skallagrím Kveld-Úlfsson, le legó. Allí tuvo dos hijas (Thorgerd y Bera) y tres hijos (Böðvar , Gunnar y Thorsteinn). En esta ocasión hablaremos de Böðvar.
Böðvar estaba ya crecido, y era apuesto y fuerte como Egil o Thórólf a su edad. Böðvar quería mucho a Egil y viceversa.
Un verano, llegó un barco al Hvitá (o "Río blanco", pues la terminación -á en los lugares tenía el significado de "río"), y hubo gran mercado, y Egil compró mucha madera y la mandó llevar a un barco; sus criados fueron con una barca de ocho remos que Egil tenía. En una ocasión, Böðvar pidió que le llevaran consigo, y aceptaron; fue entonces a Vellir con los criados; en total eran seis, en un barco de ocho remos.
(...) Sopló entonces un violento vendaval del sureste, y se vieron metidos en la resaca de la bajamar; la mar estaba muy encrespada en el fiordo, como suele suceder; finalmente, el barco se hundió, y murieron todos.
Más tarde, al día siguiente, aparecieron los cuerpos; el cuerpo de Böðvar llegó hasta Einarnees, y otros llegaron al sur del fiordo, que es donde llegó también el barco; lo encontraron en Reykjarhamar.
Ese día, Egil se enteró de estas nuevas, y fue a buscar los cuerpos; encontró el cuerpo de Böðvar; lo levantó del suelo y lo colocó sobre sus rodillas, y se lo llevó luego a Digraness, al túmulo de Skallagrím. Mandó abrir el túmulo y puso en él a Böðvar, al lado de Skallagrím (...)

Hecho esto, Egil se encierra en su habitación, hasta que su mujer Ásgerd manda llamar a su hija Thorgerd, quien "engaña" a Egil para sacarle de su empeño en esperar la muerte: se encierra con él fingiendo esperar también la muerte, y masticando un alga que según ella acorta la espera. Egil mastica también el alga, que no los mata pero si les da sed, por lo que piden agua, pero se les da leche, por lo que Thorgerd consigue convencer a Egil para que escriba un poema en honor a su hijo Böðvar y ella lo escribirá en madera, y hecho eso "moriremos los dos si así nos parece". Egil, ya persuadido, le escribió este poema:

(Sonatorrek de SIG:AR:TYR. La imagen del vídeo es Egil a caballo sosteniendo a su hijo Böðvar)

"La lengua se resiste
a alzarse en mi boca,
no puedo levantar
la balanza del verso (la lengua);
no encuentro placer
en el néctar de Odín (la poesía);

No podré sacar
de la honda morada
de mis pensamientos
-me atormenta el dolor,
me impide moverme-
el licor de poesía
que un día trajo Odín
del país de los trols.

Vivía sin tacha
en la larga casa
similar a la nave
de guerra de Nökkver;
silbó la sangre,
el mar, en las rocas
donde habita
el pueblo de enanos.

Mi linaje ya se hunde
en la decadencia,
es un bosque repleto
de árboles caídos;
hondo dolor sufre
quien saca del lecho
al pariente querido
y lo lleva a su tumba.

Más diré, primero,
la muerte del padre,
cómo murió mi madre
sacaré de mi boca,
torrentes de palabras,
serán hojas del árbol
alto y copudo
de la poesía.

Cuánto daño me hace
la brecha que abrieron
las olas del mar
en los muros paternos,
abierta la raja,
vacía está y oscura;
una onda maligna
me arrebató al hijo.

Duro golpe me asesta
la diosa del mar,
huérfano estoy
de amigos amados;
rompió el mar los lazos
que mi estirpe unían,
las mismas ligaduras
que a mí mismo me unen.

Sabed que si ese agravio
con espada se vengara,
la esposa de Aegir
estaría ya muerta (Rán, a ambos se echa la culpa de naufragios);
si pudiera matar
al señor de los mares,
si atacar pudiera
a la esposa de Aegir.

Mas la ley no permite
vengarse con muerte
de quien mató a mi hijo,
así yo lo creo;
sabe cualquiera
que Aegir, el anciano,
no posee ni un hijo,
cosa es conocida.

La mar me ha causado
pérdida irreparable,
qué triste es contar
la muerte de un hijo;
era escudo de mi estirpe,
echó a andar por la senda
que conduce a la alta
mansión de los muertos.

Sé muy bien que mi hijo
grande hubiera sido
si hubiera crecido
y llegado a ser hombre;
si hubiese llegado
a tener el vigor,
la mano fornida,
de un fuerte guerrero.

Atendía siempre
las palabras del padre (es decir, sus palabras),
aunque los otros
otras cosas dijeran;
él era mi apoyo
en todas las cosas,
en él mi fuerza
podía reposar.

Me viene a menudo
al pensamiento
la falta de amigos;
cuando la lucha
aún más se endurece
pienso en esto,
vuelve a mi recuerdo,
mi razón atormenta:

¿en quién confiaré,
acaso algún hombre
llegará a ayudarme
en mi amarga cuita?
Me hará tanta falta
cuando el pérfido ataque,
ha de ir con cuidado
quien de amigos carece.

Es difícil hallar
en el tronco de Odín (refiriéndose al mundo y a todos los dioses y hombres)
a uno tan sólo
en quien pueda confiar;
sirve a lo oscuro
quien vende por oro
el cuerpo de un hermano
por compensación.
(Era costumbre entre guerreros de alta alcurnia, al matar a un rival, ofrecer a la familia de éste una compensación monetaria para aplacar la ira de éstos. Si la familia no aceptaba el dinero como compensación, se intuía el comienzo de la batalla y de la toma de venganza por parte de la familia)

Compensación, dicen
que nunca se logra
por el hijo muerto;
queda engendrar sólo
otro hijo más
que diga la gente
que era igual de bueno
que el hermano perdido.

No me agrada ya
compañía de gentes,
aunque busquen todos
conservar la paz;
ha llegado mi hijo
de Odín al albergue,
el hijo de mi esposa
fue a ver a los suyos.
(Al Valhalla, o albergue de Odín, no iban sólo quienes morían en batalla. También iban aquellos que, al morir, eran marcados con una lanza, por la lanza Gungnir, símbolo de Odín, a quien le dedica los siguientes párrafos)

Pero me es hostil
el dios que destila
dulce licor de malta
agrio su corazón;
ya no puedo erguir
mi cansada cabeza,
no puedo tener firme
el carro de la razón (kenning para "cabeza"),

desde que mi hijo
fue arrastrado
por la fiebre ardiente
del mundo de los vivos (aquí habla de su otro hijo Gunnar);
bien sé que él siempre
evitó con orgullo
caer en la vergüenza,
que evitó el vituperio.

Recuerdo todavía
que el dios de los gautas (Odín)
se llevó a mi hijo
al país de los dioses;
rama de mi estirpe
al que yo engendré;
retoño querido
era de mi esposa.

Yo fui amigo fiel
del señor de la lanza,
tan crédulo fui,
que en él confié;
pero el dios, que es rey
de los dioses todos,
el que el triunfo otorga
quebrantó la amistad
(Este "señor de la lanza" es, de nuevo, Odín. A él se le adoraba, como padre de los dioses, cuando había que ganar una batalla, para no morir en ella, o dicho de otra forma, "para hacer esperar un poco más a sus hijas las valquirias")

Por eso, no podré
hacer ya sacrificios
gustoso a Odín,
defensor de los dioses;
pero he de ser sincero,
el dios más sabio
me dio compensación
por todas mis cuitas.

Odín, el guerrero
habituado al combate,
me concedió un arte
perfecto y sin tacha,
que obliga al enemigo
a descubrir sus tretas,
tal es la fuerza
de la poesía.

Estoy afligido
pues cerca está ya
Hel, la diosa
de los hombres muertos;
mas con alegría,
y aun con deseo,
y ya sin miedo,
aguardaré la muerte.

Saga de Egil Skallagrímsson, de Snorri Sturluson (ed. Enrique Bernárdez)


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