22 may. 2011

Aclaración acerca de los vikingos y problemas terminológicos

Mucha gente puede creer que los vikingos fueron una comunidad unitaria formada por Noruega, Suecia, Dinamarca, Islandia... o que podría ser una denominación de un susodicho reino unitario al norte de Europa, igual que se habla de visigodos, árabes, francos, alamanes, vándalos, lombardos... en absoluto. Esta creencia, junto con la arquetípica imagen del vikingo con un casco cornudo, es falsa.
También hay algo a tener en cuenta. Muchos de esos nombres de reinos europeos se deben a su gentilicio (romanos, bizantinos, lombardos...). Sin embargo, el término de vikingo se debe a algo curiosamente exclusivo: una actividad.
La denominación de vikingo, de hecho, procede de la expresión fara í víking que significa "ir de expedición" (nótese la similitud entre ese fara y el alemán fahren, con el mismo significado). Es decir, tan sólo recibirían la denominación de "vikingos" quienes salían de expedición a conseguir un determinado botín (como el danegeld u "oro danés", dinero que los vikingos exigían a otros reinos para evitarles sus propias incursiones, ¿irónico verdad?, pues suponed la cantidad de muertes que se ahorraban al evitar estas incursiones), por lo que, dentro de un propio pueblo estarían quienes salen a hacer incursiones recibiendo el nombre de vikingos, pero esta actividad no convierte al pueblo completo en vikingos, pues, como es lógico, cuando un pueblo se embarcaba en una incursión no todo el pueblo iba, sino simplemente unos pocos elegidos por su valor y/o habilidades. Aquellos que permanecían en el pueblo no eran vikingos, sino nórdicos, de manera que no se puede hablar de "pueblos vikingos" sino "pueblos nórdicos", y el hecho de hablar de un rey o un jefe como "caudillo vikingo" implica que ese jefe se embarcaba en las incursiones, lo que no ocurría siempre.
Para aclarar este asunto, la denominación de vikingo sería algo similar a pirata nórdico, y para no equivocarse, siempre es mejor hablar de nórdicos antes que de vikingos, o de "jefes nórdicos de época vikinga", si se quiere precisar, dado que "nórdico" no implica ninguna demarcación temporal, tan sólo territorial.


Sin embargo, esos no serán sus únicos nombres, sino que en Europa les llamarán de muy diversas maneras dependiendo de su localización. NUNCA se les llamó "vikingos", pues esa denominación se la aplicaban ellos mismos a los que realizaban dichas incursiones. Para la mayoría de los habitantes de Europa occidental, eran los hombres del norte, los Northmen o normandos, aunque se solía utilizar su denominación en latín, normandi. Más raramente se les llamaba "daneses" (dani), y los anglosajones aplicaban este término, danes, para referirse a ellos, fueran o no de origen danés.
Era también muy común la denominación de "piratas", para referirse a aquellos que realizaban las incursiones a través de mares y ríos para llevarse rápidamente todo lo que pudieran, y más comúnmente "paganos", tanto para denominar a los encargados de las incursiones como a los que seguían en el pueblo esperándoles. Todos ellos tenían una mitología distinta de la cristiana.
En Irlanda se les denomina lochlannach, siendo -ach el sufijo referido a la persona que reside en un determinado lugar, lann el país (similar al inglés land) y loch lago (téngase en cuenta como ejemplo que el Lago Ness en escocés es Loch Ness). Es decir, es un término que hace referencia a los "habitantes del país de los lagos". Los irlandeses también les llamaban gall ("extranjeros"), vocablo que emplearon para la población escandinava que se asentó en lugares como Irlanda, Escocia o las Islas Hébridas, y que recibe el nombre de población "hiberno-nórdico" (recuérdese que Hibernia es el nombre en latín de Irlanda). El término de gall podía sufrir diferentes variaciones en función de la zona geográfica y el dialecto, pero era común distinguir entre los noruegos o "extranjeros blancos" (Fionnghaill) y los daneses o "extranjeros negros" (Dubhghaill). Si esta distinción obedece a una diferencia en su color de piel o a cualquier otro motivo, es algo que se desconoce.
Existen crónicas alemanas que emplean, para referirse a los pueblos nórdicos, el término de ascomanni, "los hombres del fresno". Barthélemy [1] apunta la posibilidad de que este término se deba a que empleaban madera de fresno para sus barcos, aunque es igualmente posible que dicha denominación se deba al profundo culto que los nórdicos profesaban hacía el fresno: el Yggdrasil, el árbol que sujeta todos los mundos, es un fresno; en la creación de los dos primeros seres humanos, el hombre (Ask) era un fresno...
Los árabes les llamaban al-magus ("infieles"), término sobre el que existe cierta discordia, pues Sánchez Albornoz defiende que este término no lo empleaban sólo para referirse a los vikingos, sino también a los vascones, pero Eduardo Morales encuentra más difícil de aceptar dicha teoría, teniendo en cuenta que, en un pasaje de la Historia completa de Ibn al-Athir, se menciona tanto el término "al-Magus" como "al-Baskunas" [2].
Los autores bizantinos, sin embargo, se referían a ellos como rus, término que, a pesar de la gran controversia que ha creado, se tiende a creer que proviene de la palabra finesa para designar a Suecia: Ruotsi (o en estonio Rootsi), lo que a su vez, se cree que sería un derivado de Roslagen, nombre que se le da a las zonas costeras de Suecia. Finalmente, los griegos darán el nombre de varegos a aquellos vikingos que se instalaron en tierras bizantinas, vikingos que, por regla general, provenían de Suecia [3]. Se tiende a creer que el término procede de Væringjar, un vocablo nórdico que se emplearía supuestamente como plural de várar, "promesa, palabra de honor".
En conclusión, hay que andar con pies de plomo a la hora de utilizar el mejor término correspondiente. Ni todos los varegos eran suecos, ni todos los nórdicos eran vikingos, ni todos los danes eran daneses, ni (posiblemente) todos los al-Magus serían vikingos...

NOTAS
[1] Barthélemy, P., Los vikingos, p. 50
[2] Morales Romero, E., Historia de los vikingos en España, p. 123
[3] Si bien no eran sólo suecos. Sirva de ejemplo Harald III de Noruega, que tras la batalla de Stiklestad huyó a Constantinopla y formó parte, durante años, de la Guardia Varega.

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